Pues la verdad es que no lo sé. Lo he estado pensando un buen rato y he descartado un montón de ideas. Al principio iba a escribir sobre felicidad porque hoy es el Día Internacional de este sentimiento o emoción o lo que sea pero es que me parece algo tan tópico y vacío que me genera hasta frustración hacerlo. ¿Cómo vamos a hablar de felicidad en el mundo en el que vivimos? Qué pereza…
Luego me ha dado por pensar en un relato sobre ranas. Porque es el Día Internacional de estos animalitos. ¿Pero de qué podría ser el relato? Una rana que está en una charca y de repente crece hasta convertirse en un hermoso cisne que acaba siendo esclavizado en un circo ambulante de monstruos estrafalarios. Pero claro, un cisne no es un monstruo estrafalario en nuestro planeta. Así que el relato tendría que cambiar de ubicación. Se haría en un planeta a millones de años luz de la tierra donde los cisnes sean considerados monstruos. ¿Pero qué planeta sería ese? Ni idea. Tendría que ponerme a inventar un planeta nuevo, dotarle de un ecosistema propio con seres vivos inteligentes porque la existencia de un circo ambulante implica que alguien tiene raciocinio para llegar a la conclusión de que quiere montar un negocio. Nada, paso. El relato lo descarto.
También se me ha ocurrido escribir sobre Trump. O sobre la nueva decepción del PSOE. ¿Otro artículo sobre política? A ver, que a mí me encanta pero escribir mucho sobre política me satura. Además, sería para decir lo mismo una y otra vez. Mi perspectiva de izquierdas no es muy cambiante. Repito los mismos mantras que el 99% de las personas progresistas a la izquierda del partido socialista. Tiene gracia esto, que tengamos todos un 99% de ideas similares y nos estemos peleando desde diferentes partidos de izquierdas. Oh, no. Me está saliendo otro artículo de izquierdas. Corta, Ugo, corta..
¿Y si escribo simplemente sobre mí? Sobre mi crisis existencial, sobre mi intención de estudiar comunicación oral y escrita, sobre mi percepción actual de la discapacidad o sobre la serie que estoy viendo en estos momentos. Un artículo personal podría ser interesante. No para vosotros sino para aclarar mis ideas y ponerlas sobre un papel. Bueno, papel digital, claro. ¿Sabéis cuál es el problema de escribir ahora un artículo personal? Que ya llevo cuatro párrafos improvisando y empezar algo desde un quinto párrafo creo que es ser demasiado cruel con mis lectores. Que por cierto, ya que lo menciono, estoy muy contento con el blog este. Estoy teniendo muchos lectores para ser un rinconcito personal mío. Así que muchísimas gracias a todos los que os pasáis por aquí para leer todas las cosas que se me pasan por la mente.
Al final no he escrito nada y he escrito más de lo que pensaba que iba a escribir. Estoy orgulloso de mi improvisación. Tengo un síndrome del impostor muy potente pero a veces me siento bien conmigo mismo. Escribir me relaja y me sienta genial. Aunque sea algo como este artículo sin ninguna intención concreta. Voy a ir cerrando ya que tengo cosas que hacer esta mañana. Espero que tengáis un feliz viernes y un gran fin de semana. 
Ugo Sin Hache
Divulgador, creador de contenido, podcaster y señor raro en general.
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Hoy es el Día del Padre por San José y me he puesto a pensar esta mañana en este señor. Como soy una persona inquieta, he buscado información sobre él porque sí, le hicieron santo pero… ¿Qué fue de su vida? Quiero resaltar que no soy creyente pero me encantan las historias y las religiones tienen auténticas historiazas. Si eres creyente y estás leyendo esto, te pido perdón porque voy a pisar unos charcos guapos.
Lo primero, menudo tipazo debió ser José de Nazaret. Su mujer un día le dice que está embarazada y este señor sabía que él no era el padre porque como todos sabemos, para empezar a ser padre, hay que hacer algo indispensable que José no hizo. ¿Qué decidió? Pues seguir con ella aunque según la Biblia se planteó denunciarla. En esa época, si una mujer era infiel, era apedreada. Muy agradable, sí. Pero tranquilos que a José se le apareció un ángel en sueños y le soltó que su hijo sería el salvador. Así que se aferró a eso en vez de pensar que su mujer le había puesto los cuernos. Todos hubiésemos hecho lo mismo, ¿no? Es mucho más creíble un ángel que sale en un sueño que una infidelidad en el mundo real.
El caso es que José decidió no denunciar a María y asumió que la vida es así. Los primeros años de Jesús, José se dedicó a dos cosas. La primera fue huir de Herodes y del hijo de este. Lo segundo que hizo era trabajar. Era artesano, carpintero para muchos, y eso es lo que le enseñó a Jesús cuando era niño. Luego Jesús no le hizo ni caso y se metió en una secta rara pero esa es otra historia. Lo importante aquí es José. La Biblia deja de hablar del marido de María cuando Jesús cumple 12 años. ¿Qué le pasó luego a este buen carpintero? Lo único que se puede intuir es que el día que crucificaron a Jesús, José no estaba así que se ha dado por hecho que ya había muerto. ¿Qué se me ha ocurrido? Inventarme la vida de José, por supuesto. Ojalá dentro de 500 años alguien lea este blog, piense que yo era un apóstol y añadan más lore a la historia de la Biblia.
A ver, José desaparece de los escritos cuando tenía Jesús tenía 12 años. Lo que yo creo es que se divorció de María. El hombre estaba un poco cansado de todos estos temas sagrados y decidió que lo suyo era más el emprendimiento. ¡Iba a crear una empresa de carpintería! Sus amigotes en el bar no paraban de decirle que tenía que invertir en si mismo y decidió dar un paso adelante. No tenía mucho dinero porque en esa época ser carpintero no era lo más pero algunos ahorros había conseguido. Se alquiló un local pequeñito en la calle de los artesanos de Nazaret y empezó su negocio.
Había decidido llamar a la carpintería «Maderas José». Sí, ya lo sé. El nombre era cutre como él solo y no tenía nada de punch pero lo dio todo con el eslogan. El eslogan era «Si tienes madera de salvador, José es tu servidor». A ver, quería alejarse del rollo sagrado pero tampoco era plan no aprovechar el tirón de su hijo. Mentalidad de tiburón. No lo entenderíais. José sí sabía de esas cosas porque tenía amigos que hacían burpees todas las mañanas y eran unos ganadores. Si ellos decían que José era un tiburón, lo era y punto.
Los primeros años con Maderas José fueron duros. No tuvo mucha clientela y el alquiler del local le estaba robando la vida. Pero José se negó a cerrar su negocio. Estaba convencido de su éxito. Además, había empezado a hacer burpees como le habían aconsejado sus amigos del bar. Eso sí, con las mujeres no tenía mucho éxito. Empezaba a echar de menos a María. Muchas veces se encontraba solo en casa pensando en ella, en cómo le irá. ¿Y a su hijo? Había escuchado rumores de que Jesús estaba metido en temas de vandalismo y los romanos ya le tenían inquina pero José sabía que su hijo era buena gente. No hacía burpees pero era una buena persona.
Con el paso del tiempo, José consiguió tener una clientela más o menos fija en su negocio y consiguió sobrevivir a duras penas. No estaba teniendo una vida de éxito pero oye, podía comer diariamente. Eso no lo podía decir cualquiera. Aunque seguía soltero. Sus estrategias para ligar estaban siendo bastante malas porque el tipo sólo sabía hablar de madera y de su hijo. Y claro, la madera no es el mejor tema conversacional del mundo y el hijo estaba en boca de todos, no era algo realmente original. ¿Y si se compraba una moto? Estuvo pensando en ello durante largo tiempo hasta que se acordó que en su época las motos aún no habían sido inventadas. Este duro palo le sumió en una pequeña depresión. Dejó los burpees y empezó a ir a terapia. Terapia era un amigo suyo que tenía mucha fama por saber escuchar a la gente que tenía problemas. Muchos acudían a él y les sentaba genial desahogarse. Era un alivio tener a Terapia en Nazaret.
Los últimos días de José en este mundo no fueron los mejores. Tuvo un pequeño accidente con una madera que estaba cortando. Fue una heridita de nada pero claro, en esa época no existía la sanidad y la gente se moría por cualquier cosa. Parece que la heridita se le infectó mucho y todo se acabó pronto para él. No entraré en detalles pero no fue un final agradable. Época dura y sin motos. Al menos hay que decir que José murió con una sonrisa porque le dijeron que su hijo era famoso y tenía un montón de amigos a los que llamaban apóstoles. No hacían burpees pero todos parecían buena gente.
Y aquí acaba la historia de San José, el carpintero emprendedor.
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Estos días he visto varios reportajes sobre el pueblo de Castilla y León donde todos los vecinos del mismo han votado a la derecha o a la ultraderecha con representación hasta de la Falange. ¿Qué he hecho yo? Pues me he ido a ver cómo le va a Marinaleda a día de hoy.
¿Qué es Marinaleda? Marinaleda es un pueblo andaluz que tuvo mucha fama hace años porque su alcalde hacía políticas comunistas y al pueblo no le iba mal. Apareció durante un tiempo en todas las noticias, sobre todo por el boom de Podemos en su día. Gordillo, su alcalde, era como una estrella de la izquierda hace una década. Sin embargo, su cargo no tiene mucha importancia viendo cómo funciona este pueblo.
Por partes, Gordillo, el alcalde estrella, ya no ocupa ese cargo porque está enfermo. Se ha apartado de la política hace ya tres años y su sustituto ha sido Sergio Gómez Reyes que es de su mismo partido. Por lo que leo, el pueblo sigue con medidas y procedimientos similares a las que impulsaba Gordillo en su día. ¿Qué medidas o peculiaridades son estas?
1. La asamblea ciudadana
Antes he dicho que el alcalde no tiene mucha importancia en este pueblo. ¿Y eso? Porque lo que importa es la asamblea. Todos los años hacen decenas de asambleas donde se reúnen un montón de habitantes de Marinaleda y deciden leyes/medidas a mano alzada. No hay líderes. Se hacen propuestas y se votan. Si esas propuestas cuentan con apoyo mayoritario de habitantes, se llevan a cabo. No hay más. Democracia totalmente participativa.
2. El trabajo.
El paro es muy bajo en este pueblo de casi 3000 habitantes (dicen que está en el 0%) porque casi todo el mundo trabaja en el sector agrícola. El ayuntamiento de Marinaleda creó una cooperativa agrícola que gestiona los habitantes del pueblo. Defienden que la tierra tiene que ser de todos. El alcalde actual dice que la propiedad es colectiva, que pertenece al que la trabaja. Leo, por cierto, que todos los trabajadores cobran lo mismo, una cantidad ligeramente superior al salario mínimo. Quizás sea poco pero el ayuntamiento lo que hace es que los servicios del pueblo sean de precios muy asequibles para que el salario sea suficiente para vivir. 3€ anuales por la piscina, 12€ mensuales por el gimnasio, multitud de actividades gratuitas para todos…
3. Vivienda.
Este apartado es curioso. El ayuntamiento tiene un sistema de autoconstrucción. Da materiales de construcción a los ciudadanos para que se hagan su propia casa. También aporta albañiles profesionales para los trabajos más complicados. El terreno para construir pertenece al ayuntamiento y lo cede a los ciudadanos. Los pagos de vivienda de los ciudadanos son de 15€ mensuales. La ley del suelo de Marinaleda defiende el derecho a tener vivienda y prohíbe que el ciudadano la pueda vender. Si vives en Marinaleda, puedes tener casa por 15€ al mes pero no puedes venderla ni especular con ella.
4. Educación.
Marinaleda es un pueblo pequeño así que el sistema educativo evidentemente no es enorme. Por lo que leo, hay tres centros que suelen mencionar. El primero es la guardería infantil que creó el ayuntamiento con capacidad para 60 niños. Según el alcalde, el coste es de 12€ mensuales donde se incluye el comedor. También leo que hay un instituto de secundaria pero no veo muchos datos al respecto.
Otro punto del pueblo al que le dan importancia es la escuela taller donde los jóvenes aprenden especialidades de albañilería, carpintería, fontanería… y además realizan durante ese aprendizaje trabajos sociales para el pueblo que son remunerados. Los estudiantes cobran 390€ por trabajo realizado.
5. Servicios para los mayores.
Esto es totalmente gratuito. Los ancianos del pueblo pueden solicitar asistencia y un cuidador les atenderá para lo que necesiten.
6. La Casa de la Cultura.
Este es un punto importante para el pueblo. Es un edificio que alberga el teatro, uno de los más grandes de la provincia, pero también se usa para ver películas, para grabar programas de televisión o para la radio. Además, también se organizan conciertos y semanas culturales. Según el propio ayuntamiento, la construcción de este edificio ha estado en manos de los habitantes de forma desinteresada.
7. Sanidad.
El ayuntamiento ha construido dos consultorios médicos atendidos por dos médicos y dos enfermeros. Eso sí, leo que se quejan desde el ayuntamiento porque creen que faltan medios y exigen esto a la Junta de Andalucía.
8. Críticas y puntos negativos
La principal crítica que he leído es que el pueblo no es sostenible porque depende de las subvenciones de la Junta de Andalucía. Que sin estas ayudas, no se podrían hacer las políticas que hacen. Yo aquí me pregunto algo muy sencillo. ¿Por qué no hacen lo mismo el resto de pueblos? Si las subvenciones sirven para esto, yo estoy a favor, la verdad.
Otra de las críticas que leo es la de que hay opresión política, que no se pueden presentar otros partidos a las elecciones o que se quejan de agresiones por parte de los habitantes de Marinaleda. Añado que apenas hay denuncias al respecto, que son señalamientos más desde la prensa que desde la realidad. Me hace gracia que la propia Wikipedia dice que «no ha habido constancia documental ni denuncias de ello».
En definitiva, que seguramente este lugar tenga defectos o problemas como en todos sitios pero también es llamativo que se hable poco actualmente de un sitio donde los ciudadanos pagan 15€ mensuales por su vivienda cuando estamos en plena crisis de este asunto. Si queréis leer un poco más de Marinaleda, os voy a dejar una pequeña entrevista que le hicieron al nuevo alcalde el año pasado. De ahí he sacado parte de la información de este artículo.
La entrevista en cuestión: https://www.publico.es/politica/marinaleda-inquebrantable-camino-utopia.html
También os dejo por aquí el enlace oficial del ayuntamiento de Marinaleda: https://www.marinaleda.es/es/
Y hasta aquí este pequeño paseo por un sitio peculiar. Para que no todo sean artículos de pueblos fascistas.
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¿Cuando escuchas la palabra beber piensas en agua? ¿O en un zumo? A lo mejor sí aunque siempre que se habla de beber, la gente lo relaciona con alcohol. Es curioso porque en la RAE la primera definición es ingerir líquidos y la tercera es ya beber bebidas alcohólicas. Tengo la sensación de que pensamos en alcohol hasta los que no bebemos ni una gota de licor.
Sí, soy abstemio. ¿Os he contado que hace muchos años pensaba que la palabra «abstemio» era una especie de enfermedad? Es decir, sabía que tenía que ver con no beber alcohol pero lo relacionaba con algo malo, como que algo funcionaba mal en ti si decidías ser abstemio. Alguien me decía que era abstemio y yo ya estaba pensando en algo negativo. Pobrecito, no puede beber alcohol. ¿Qué le pasará? Espero que se recupere pronto.
Mientras escribía esto, pensaba en mi familia, en la cultura del alcohol que había hace años en ella. Mi padre desayunaba un café y un carajillo todos los días. También se lo tomaba para almorzar, una cervecita para comer, otra si quedaba con amigos, un buen vinito en alguna cena o comida apetitosa. Mi madre no bebía tanto pero recuerdo que estuvo unos años bebiendo más vino porque le daba como un status. Estaba en círculos de gente «con clase» por así decirlo y todos bebían vino. Vino tinto. Mi abuela tomaba siempre una cerveza, incluso en momentos aleatorios del día. Recuerdo a mi abuelo decirle que era una borracha por beber tanto, aunque lo hacía en tono cariñoso porque ella se reía. Todo esto que estoy contando yo lo veía normal. No he pensado nunca que hubiese problemas con el alcohol en mi familia. Que mi padre bebiese 4 o 5 veces al día, a veces licores fuertes, no era para tanto. Que mi madre aumentase el consumo de vino no era algo malo. Que mi abuela bebiese cerveza en casa a las 11 de la mañana porque sí, no era algo que pensase como negativo. Es llamativo, ¿verdad?
¿Y yo qué? ¿He sido abstemio siempre? Pues la verdad es que no. En mi adolescencia bebía por encajar con los demás. Botellones, borracheras en pubs y noches locas donde acababa vomitando apoyado en algún coche. Me sentaba fatal, perdía la cordura, me destrozaba el cuerpo…. y era todo normal. No hacía nada que estuviese mal visto. Lo mal visto era no participar en estos rituales sociales. Tan mal visto que me obligaba a participar para reducir los momentos de bullying que recibía. Si bebía alcohol y me emborrachaba, era uno más. Si ponía una excusa para no beber, era el malo, el aguafiestas, el objetivo de los insultos más duros.
Hoy me ha dado por reflexionar sobre todo esto porque se celebra San Patricio. La gente aprovecha este día para beber cerveza. Más cerveza, quiero decir, porque beber ya se hace todos los días. Supongo que hoy se incrementa un poco el consumo del alcohol. Leyendo todo lo que he escrito, me sorprende que haya normalizado tanto el alcohol en mi entorno. Situaciones que deberían ser preocupantes, no lo eran para mí. No había ni un ápice de preocupación en su día. Lo más atrevido de mi pasado fue que me hice abstemio. Lo más llamativo para mí era que yo dejé de beber alcohol. Ojalá en el futuro ser abstemio sea más la norma y menos la excepción.
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Mis abuelos nunca veían las mismas series que yo ni tampoco las mismas películas. Había una brecha generacional evidente. Ellos veían otras cosas. Eran más de programas matinales de televisión, de programas políticos o de programas del corazón. Yo era más de series frikis, de animes, de series de fantasía o de series de misterios. Nuestros intereses culturales estaban a años luz de distancia…. salvo por una cosa. Aquí No Hay Quien Viva.
Sí, mi primer recuerdo de ANHQV es en casa de mis abuelos. Cuando iba a comer con ellos, ponían uno de esos canales del TDT con repeticiones constantes de series y ANHQV era la serie que más veían con diferencia. Era una de mis grandes conexiones con ellos. Estaban enganchados a esas reposiciones y yo también. No era capaz de irme de casa de mis abuelos si no había terminado el episodio que estaban haciendo. Aunque lo hubiese visto mil veces, ANHQV era sagrada. Radio Patio, Emilio, Belén, Paco el del videoclub, Carlos, vamos, no me jodas, el pìntamonas, Juanito, estás fuerte, ¿eh? Mauri y Fernando, Josemi…
Es curiosa mi relación con esta serie porque no la vi como todo el mundo. Yo me dormía pronto por las noches y me la perdía siempre. Empecé a verla con las reposiciones constantes. Me hice adicto años después que la mayoría. Cuando el boom de ANHQV ya no era tan grande fue cuando me subí al carro de la serie. Además, la vi en uno de los peores momentos de mi vida. Depresión, pérdidas de familiares muy cercanos y rechazo absoluto a mi discapacidad. ¿Y sabéis qué? La serie me dio vida y momentos felices. Entre toda la desgracia que había en mi vida, esos momentos de ANHQV junto a mis abuelos o mi hermano eran un oasis para mí. Un respiro donde poder reír, poder hacer teorías sobre los diferentes personajes o simplemente poder emocionarme con cada momento que ocurría en ese mítico edificio. También reconozco que soy un purista de esos que no logró conectar con La Que Se Avecina porque me parecía muy diferente a ANHQV. Quizás también puede ser porque ya no estaban mis abuelos o porque mi hermano ya estaba haciendo su vida.
Pero estos días se nos ha ido Gemma Cuervo, la última componente de Radio Patio que quedaba, y no he parado de pensar en lo que supuso para mí esta serie. Quería escribir algo bonito o emotivo pero no sabía cómo porque lo que quiero expresar muchas veces no me sale con palabras. A veces se te acumulan las emociones en la cabeza y no eres capaz de transcribirlas en un papel. De hecho, escriba lo que escriba, me va a saber a poco porque el impacto de la serie en mi vida fue enorme. Para mí es la mejor serie española de la historia sin ninguna duda y lo será para siempre en mi corazón. Lo tenía todo en una época donde tenerlo todo era más complicado que ahora. Seguro que tendrá defectos por todos lados si la vemos hoy en día y por eso hace años que no la veo. Prefiero quedarme en ese salón de mis abuelos donde personas de diferentes generaciones nos reíamos con «¡Soy yo, Concha! ¡Entro!»
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De vez en cuando alguien me dice desde la educación y el respeto que yo podría hacer otras cosas además de hablar de discapacidad, que soy monotemático, que hay más temas interesantes para tocar. ¿Qué hago yo? Me analizo. Veo si mi contenido en redes sólo gira en torno a la discapacidad. A veces hay semanas que veo que hablo mucho de esto y otras que hablo muy poco porque me centro más en política o en algún que otro interés personal como las series, los videojuegos o el cine. ¿Me encasillo realmente? ¿Hablo tanto de discapacidad?
En este punto, me pongo a pensar en otra cosa. ¿Los comentarios sobre el encasillamiento se lo dirían a un streamer de videojuegos o a un periodista deportivo? ¿Le comentarían a un crítico de cine que cambiase un poco su tema de siempre porque hablar de cine es muy monotemático? No sé vosotros pero yo nunca he visto estos comentarios a alguien cuyo contenido sea exclusivamente fútbol. Pero es que tampoco es necesario. Es decir, a mí me gusta el fútbol y yo sigo a gente en redes sociales que habla sólo de fútbol. Les sigo porque es un tema que me interesa. Si de repente esas personas cambiasen y se pusieran a hablar del ciclo reproductivo de los murciélagos, al principio alucinaría pero con el tiempo posiblemente dejase de seguirles. Con todo el respeto a los murciélagos, no es un tema que me llame. Es decir, yo sigo a alguien que habla de fútbol porque me interesa el fútbol. No le voy a pedir que cambie de tema ni le voy a comentar que se está encasillando porque a mí me parece bien que sea monotématico.
Si esto de señalar el encasillamiento no suele pasar en otros ámbitos, ¿por qué me lo dicen a mí? Me lo dicen de vez en cuando pero no son casos aislados. Pasa más de lo que me gustaría. Lo sé porque esto que estoy escribiendo ya lo he comentado en vídeos y en otras redes sociales en el pasado. De hecho, siento que me repito con este tema pero también creo que es necesario seguir insistiendo en ello.
¿Sabéis qué creo yo? Creo que la incomodidad no está en mí sino en la gente que me lo dice. Tocar temas incómodos suele molestar. No molestar de ofender pero sí de tener inquietud y acabar buscando otros temas más «relajados». Entendible, por cierto. Tiene que ver con el privilegio, con vivir una vida tranquila. Cuando alguien señala una realidad que te produce incomodidad, tus privilegios se hacen más visibles y es molesto. A veces optamos por ignorarlos y otras por tratar de comprenderlos. Yo no voy a decir a esta gente que cambie y no me ignore porque cada uno es dueño de su vida pero sí veo conveniente señalar que la incomodidad viene muchas veces porque hay temas que afectan a nuestra vida tranquila y que esas realidades existen. Puedes optar por ignorarme o dejar de seguirme. Si quieres una vida más tranquila, yo te lo recomiendo porque callarme, no me voy a callar.
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Esta mañana me he despertado con la frase «No puede ser que cada película tenga que tener un chico con síndrome de Down, otro que es transexual…» Lo ha dicho Karra Elejalde en una entrevista y yo suelo hacer algo instintivo cuando alguien dice frases así. Me voy directo a la cartelera de mi cine más cercano. ¿Los carteles estarán llenos de negros, gente con discapacidad y personas trans? Hay gente que está convencida de esto y yo necesito saber más. Así que hoy me vais a acompañar en mi paseo por la cartelera actual.
1. Hoppers. La nueva película de Disney. Por lo que veo, va de un experimento donde una señora se mete en la piel de un animal robótico o algo así para sumergirse en el mundo animal. Película de animación. No sé vosotros pero no parece que haya gente con discapacidad, negros o personas trans. Que a lo mejor sale alguno pero en el cartel lo que se ve son animales. Un oso grande a punto de comerse a una especie de castor o animal similar. Probemos la siguiente peli.
2. Scream 7. Ah, la película de miedo del asesino ese con la máscara de fantasma. En el cartel sale una chica blanca con ojos azules y se ve un cuchillo debajo. Poca información. Voy a mirar el reparto… Ah, vale, todo actores blancos normativos. Espera, OJO, hay un actor entre los 8 o 9 que tiene la piel más morena. ¿Podría ser latino? Cuidado, que tenemos a alguien con la piel que no es blanca reluciente.
3. Cumbres Borrascosas. Margot Robbie y Jacob Elordi. Actores guapos normativos en una película sobre amor tormentoso. Me he pasado por el reparto y CUIDADO, entre los 300 blancos normativos que hay, una mujer con rasgos asiáticos. Se están pasando con la inclusión. Todos sabemos que los asiáticos no son tantos en nuestro planeta.
4. ¡La novia! Ah, una película sobre la novia de Frankenstein. Seguro que escogen a un actor no normativo para hacer de Frankenstein. Alguien con una cara rara. ¿Podría tener alguna discapacidad? Pues lo podemos entender, la verdad. Tendría sentido. Voy a mirar quién es… Ah, Christian Bale. Pues no. No tiene discapacidad ni una cara no normativa. Bueno, bueno, pero ¿y la inclusión de los actores que han hecho de Batman qué? ¿Nadie piensa en ellos?
5. Aída y Vuelta. La película del regreso de Aída. Tiene pinta de que puede ser divertida. Oh, esperad, que hay un MONTÓN DE GENTE EN EL CARTEL. ¿Cuánto tendremos de inclusión forzada? Ay, qué nervios tengo ahora mismo…. Pues… todos son blancos normativos aunque sé que uno no lo es. Participa en la película el actor Emilio Gavira que tiene acondroplasia. Tras haber visto como 40 actores o actrices entre las anteriores películas, por fin tenemos a alguien que sí representa algo de inclusión en el cine. Uno entre 40. Esto sería en porcentaje del 2,5%. Choca con el casi 15% de personas con discapacidad que hay en el mundo. Pero oye, no perdamos la esperanza que hay más películas.
6. Avatar: Fuego y Ceniza. ¿Pero esta película sigue en cartelera? La virgen. Por cierto, este filme es muy inclusivo. Por fin han dado voz a seres gigantes azules. Es un grupo de la población bastante invisibilizado así que bien por James Cameron. Gracias por dar voz a los habitantes de Pandora. En esta película hay una persona con discapacidad pero creo que nadie se acuerda porque el tipo decide meterse en la piel de un gigante azul. Ay, maldita sea. Era una buena oportunidad para dar visibilidad al tema pero por lo que sea, tuvieron un despiste y se olvidaron de recalcar mucho esto.
7. Como cabras. Ah, otra película de animación con animales. Joder, estoy viendo más animales que gente diversa en esta revisión de la cartelera. Que yo a tope con animales que hablan pero las personas con discapacidad o las personas trans también hablan. Lo digo por si algún director quiere pillar esta idea de incluirlos en sus pelis.
8. F1. La película. Coches, carreras, brum brum, Brad Pitt en portada con cara de intensidad mirando al horizonte. Que a lo mejor es una película interesante, ojo. En el reparto hay un negro en un papel importante. Y sale Javier Bardem que en EEUU es un señor racializado. Oye, en la octava película que analiza superficialmente por fin hemos visto algo de inclusión. Tampoco mucha pero tenemos una pizca por fin.
9. Greenland 2. Anda, una película postapocalíptica. ¿Quién se ha salvado del fin del mundo? Pues una familia blanca aparentemente normativa. Padre y madre blancos con un hijo blanco. Nunca se salva una familia LGTBIQ+ por lo que sea. Qué mala suerte, joer.
Siguen saliéndome películas pero yo creo que voy a ir dejando ya este artículo. Tanta diversidad me está destrozando y necesito un descanso. Eso sí, quiero acabar con dos datos interesantes.
– Las personas con discapacidad somos entre un 10% y un 15% de la población mundial. ¿Hay un 10% de actores con discapacidad? ¿Un 5%? ¿Un 1%? Yo diría que incluso menos. Esto lo comento porque existe la exclusión forzada de personas con discapacidad.
– El 50% del planeta es de raza asiática oriental y el 20% es de raza negra. La raza blanca está por detrás y lo que tenemos mucho son razas mestizas. Ya que las razas como tal no existen según la ciencia pero me habéis entendido con esto. Os comento estos porcentajes para que los uséis cuando alguien hable de inclusión forzada. Si nos ceñimos a la representación exacta del mundo, la raza blanca está siendo incluida de forma forzada en el cine y en las series.
Bueno, ya os suelto del brazo. Podéis salir en orden de esta página. Disfrutad del día.
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Multimillonarios con planes malvados que invierten muchas veces en investigación para crear inventos que le permitan atacar a gente vulnerable o conseguir ganar más dinero a costa del sufrimiento ajeno. El 90% de los villanos tienen puestos de poder muy altos. Presidentes de empresas grandes, líderes de organizaciones poderosas, con aspiraciones más altas como ser primer ministro o presidente de sus países de origen. Todos estos villanos además tienen un afán enorme de protagonismo, quieren salir en prensa, dar discursos apoteósicos, mostrar su poder al mundo.
Creo que muchos estáis pensando en varios villanos ya, ¿verdad? He definido a la mayoría de villanos de cualquier película o serie. No suele haber villanos que sean pobres o de clase obrera. De hecho, los «malos» de los bajos fondos, esos grupos de villanos de medio pelo que pelean por la noche contra Batman suelen ser mandados. Trabajadores que están sirviendo a un señor mucho más poderoso. La gente obrera que es villana en cómics, pelis y series suele ser gente controlada por un mandamás que no suele mojarse las manos la mayoría de las veces porque para eso tiene a sus trabajadores. Sus lacayos le hacen el trabajo sucio. Si esta gente de los bajos fondos tuviese mucho dinero, ¿seguiría peleándose y perdiendo contra Batman? Pues no. Estarían en otros sitios tranquilitos.
Estoy haciendo este artículo pensando en varios que me han venido a la mente estos días. Donald Trump, el más evidente de todos, representa a la perfección el arquetipo de villano. Multimillonario que ha conseguido ser presidente a base de poner mucho dinero encima de la mesa pero que todo lo que ha hecho en la vida está orientado al mal. ¿Sabéis qué me ha venido a la cabeza? Que en 1989 Trump pagó 89.000 dólares de la época al New York Times para que pusiese en su portada que quería que se aplicase la pena de muerte a cinco negros menores de edad que habían sido acusados de violación sin ninguna prueba, sólo por el hecho de ser negros. Con el tiempo se supo que las acusaciones eran falsas y los acabaron soltando.
Otra persona que me ha venido a la cabeza es Juan Roig que ayer dijo que iban a subir los precios de los alimentos si el gobierno no bajaba el IVA. Lo decía tras haberse hecho público que Mercadona estaba consiguiendo beneficios históricos, que estaban ganando tanto dinero que iba a renovar todos los supermercados. Pero sí, quiere subir los precios de los alimentos. Fastidiar al pobre un día más. Fastidiar al vulnerable. Desde su posición de poder, desde las alturas. Es imposible no pensar en conductas villanas, ¿verdad? Pero bueno, seguro que mucha gente le defenderá porque pobrecitos los empresarios que están arriesgando su dinero por el trabajador. ¿Sabéis cuál es el patrimonio de Juan Roig? 9.900 MILLONES DE EUROS.
«Curar a negros debería ser un crimen». Esta frase tan nazi lo podría haber dicho cualquier villano del mundo, cualquier señor malvado. Todo el mundo se escandalizaría a día de hoy. Salvo los que sean muy nazis, claro. ¿Qué pasa? Que la frase hay que maquillarla y tratar de suavizarla. Es que dicha así suena fatal. ¿Qué ha hecho Abascal? Decir que «es un crimen abrir las puertas de los hospitales a inmigrantes». Quitas la palabra «negros», eliminas la palabra «personas», dices «abrir las puertas de los hospitales» en vez de «curar» y arreglado. Ya casi nadie puede decirte que eres un nazi o una persona de mierda por no querer atender a gente que tiene problemas de salud por su procedencia. Pero no deja de ser una conducta de villano, de villano de los peligrosos porque sabe dar discursos para los suyos. La oratoria del villano siempre tiene que ser buena, aunque sea para los suyos.
Qué fácil es reconocer a villanos. Qué fácil es identificarlos en nuestro mundo actual. Y aún así, mucha gente está en su bando. Mucha gente les apoya. Gente que es fan de superhéroes, de películas donde salen villanos multimillonarios. ¿Por qué pasa esto? A veces siento que el mundo está roto.
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¿En los últimos años has hablado de Irán? ¿Has opinado sobre la situación de ese país? ¿Te has interesado por sus costumbres, tradiciones, sistemas políticos o simplemente sobre su perspectiva social? Yo reconozco que no. Admito que no sabría ubicarlo rápidamente en un mapamundi. Sé más o menos la zona dónde está pero no la ubicación exacta. Tampoco sabría decirte quién es su presidente ni podría nombrarte alguna figura pública de Irán. Creo que no soy el único así pero estos días no paro de ver análisis geopolíticos sobre este país de gente que no es especialista en él.
Y todo esto me hace pensar en cómo funcionan las redes sociales. A mí me gusta informarme y leer la prensa pero soy consciente de que eso no es suficiente para saber de todo. Que para saber de algo, necesitas meses o años de profundizar en esos conocimientos. ¿Qué pasa en redes? Que se descarta esa profundización, que lo que vale es la Wikipedia (con perdón porque me encanta este lugar), leer 3 o 4 artículos y ya te conviertes en un experto capaz de hacer hilos extensos y complejos sobre el tema actual del momento.
Escribiendo estas líneas me he acordado del momento en el que EEUU entró en Venezuela y secuestró a Maduro. En su día leí un montón de análisis complejos sobre por qué Trump no iba a por el petróleo venezolano. Se hablaba en esos análisis de la densidad del crudo, del valor, de la dificultad que conllevaba extraerlo y de mil cosas más. ¿Qué pasó un día después? Que Trump dijo que lo único que le interesaba era el petróleo. A tomar por saco tantos análisis complejos.
Ante todo esto, yo estoy aprendiendo a callar. A leer para aprender más y a callar antes de opinar. Opino de lo que más entiendo o de lo que más me interesa pero estoy abandonando esa obsesión sobre opinar de todo porque lo único que demuestro es mi ignorancia. Y no es malo admitir que soy un ignorante en muchas cosas. De hecho, admitirlo está bien como motivación para aprender. Pero sin presión porque esto no es una competición. Creo que hay que luchar contra la ignorancia pero yo prefiero hacerlo con conocimiento y no con más ignorancia por mi parte. Saber callar me está ayudando también a estar mejor conmigo mismo, a no meterme en charcos que no entiendo y a enfocarme en los temas que sí me gustan o me preocupan.
En fin, reflexiones que me apetecía hacer hoy ante tanta información en redes, ante tanta noticia de todas partes del mundo. Es imposible saber de todo y es sano callar si no sabes sobre un tema.
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La de veces que he dicho la palabra subnormal. Era uno de mis insultos favoritos. Lo decía en todo momento hace años y no sólo lo decía sino que era perfectamente consciente de su significado. En mi cabeza, el concepto «discapacidad intelectual» no existía pero cuando decía subnormal, yo pensaba en síndrome de Down o en personas con discapacidades similares. Recuerdo estar en manifestaciones y cantar junto a un montón de gente eso de «Si tienes un hijo subnormal, mételo a Policía Nacional». Nunca he usado la palabra subnormal para hablar de personas «malas» o «malvadas». Siempre he sido consciente de que hacía referencia a alguien con algún tipo de retraso. De hecho, «subnormal» y «retrasado» son básicamente sinónimos.
Pero oye, no sólo lo decía yo. También me lo decían muchas veces a mí. ¿Sabéis por qué? Pues es muy sencillo. Lo decían por dos razones:
1. Mi forma de hablar y mi aspecto se ha relacionado muchas veces con la discapacidad intelectual. De hecho, se sigue relacionando bastante. Que alguno dirá eso de que cuando hablo, digo cosas que te pueden hacer pensar que no tengo discapacidad intelectual pero eso da lo mismo porque mucha gente ni me escucha. Sólo se centran en mi cara y en mi forma de hablar. El contenido es irrelevante.
2. Tengo síndrome de Moebius. En el pasado, tener un síndrome te relacionaba siempre con el síndrome de Down ya que era el síndrome más famoso o de los más populares. Esa conexión me convertía a mí en «subnormal» para muchos. Porque era como los del síndrome de Down.
Todo esto que os estoy diciendo creo que es muy evidente. La palabra subnormal hace referencia a gente con limitaciones intelectuales. ¿Y sabéis por qué me daba igual usarla? Porque no consideraba a las personas con discapacidad intelectual como seres humanos. No pensaba que tuviesen sentimientos, no pensaba que fuesen un colectivo social. No pensaba que tuviesen conductas humanas. ¿Como voy a molestar a alguien que ni piensa? Así de ignorante era yo. Así de cruel también. Y así de equivocado estaba.
¿Por qué cambié? Para empezar, comencé a aceptar mi discapacidad. Empecé a entender que tener una discapacidad es tener una condición y que eso no tenía que ser un insulto. También empecé a escuchar a gente con discapacidad. Tanto física como intelectual. Me enteré del sufrimiento por el que pasaba mucha gente. Conocí a personas con discapacidad intelectual que estaban yendo a terapia porque habían tenido conductas suicidas por el trato que reciben de la sociedad. En mi cabeza tengo un montón de anécdotas que me cambiaron la vida.
Por ejemplo, en una charla que di en una fundación de gente con discapacidad intelectual, una chica me dijo que le dolía mucho cada vez que alguien usaba la palabra subnormal. ¿Y sabéis qué ocurrió? Que cuando dijo eso la chica en público, el resto de personas empezaron a asentir y a confirmar esos sentimientos. Gente con discapacidad intelectual mostrándome lo equivocado que he estado en mi vida. Equivocado por usar palabras capacitistas y equivocado por haberles tratado siempre como seres inferiores. Recordaré este momento toda mi vida.
También recuerdo a un padre decirme que sentía como si le clavasen un cuchillo cada vez que alguien decía la palabra «subnormal» porque su hijo tenía una discapacidad intelectual severa y él no quería que la gente pensase en él cada vez que insultaba. Y como esta anécdota, he visto unas cuantas ya de padres y madres incómodos con ello.
¿Entonces por qué hay tanta negación con el término? Porque siempre que señalo que subnormal hace referencia a discapacidad intelectual, algo que me parece obvio, hay gente que se ofende y dice que ha resignificado la palabra. Que ellos no la relacionan con discapacidad. Que soy un tiquismiquis y demás, ¿Sabéis qué pienso de todo esto? Al principio pensaba que hay gente que ignora el significado y que está acostumbrada a decirlo porque todos lo hacen pero con el tiempo he cambiado un poco de idea. Mucha gente sabe el significado perfectamente pero creo que debe ser un fastidio darte cuenta que no eres tan progresista o abierto de mente como crees. Asumir que estás usando a un colectivo discriminado como insulto te convierte en una persona con una conducta reprobable así que mentalmente es mejor asumir que «has resignificado la palabra». Que lo has hecho tú, no el colectivo social discriminado. Lo has hecho tú y más gente normativa para no tener que reflexionar sobre una actitud bastante turbia.
¿Y ahora qué vamos a decir? Esto es otra cosa que me dicen mucho. Que YO tengo que ofrecerles una alternativa, que yo tengo que convertirme en el responsable de ello. Siento muchas veces como una presión por ello, como que si no doy una alternativa, la gente seguirá usando el término subnormal. Es duro esto. ¿Pasaría igual cuando la gente empezó a señalar insultos homófobos? ¿Habría personas pidiendo alternativas a la palabra «maricón» ¿Lo preguntarían directamente al colectivo LGBTIQ+? ¿Esto no es un poco absurdo? Es como asumir que eres mala persona y que necesitabas otra cosa para sustituir un comportamiento de mierda, que si no te dan esa otra cosa, seguirás teniendo una actitud horrible, Es la sensación de que sigues sin pensar en personas con discapacidad intelectual como seres humanos, que tu preocupación no está en ellos sino en ti, en tus intereses. Me parece algo durísimo.
Otra cosa que me dicen mucho es que casi todos los insultos son capacitistas. Tonto, imbécil, estúpido… Todos tienen una base capacitista que relaciona la discapacidad intelectual con la ofensa. Cuando pienso en esto, yo me deprimo un poco. Hemos normalizado tanto que las personas con discapacidad intelectual son inferiores, que las hemos convertido en insultos de todo tipo. Usamos la falta de inteligencia para insultar porque nunca nos hemos preocupado por este colectivo social. El desprecio es tan grande que el problema que hemos creado es inabarcable en muchos momentos. No hay un problema de vocabulario, hay un problema de discriminación tan grande que me da hasta miedo pensar en ello.
En fin, podría seguir escribiendo sobre la palabra subnormal todo el día pero supongo que tendréis cosas que hacer. Ya os suelto del brazo. Podéis seguir con vuestra vida. Eso sí, espero que reflexionéis sobre las palabras que usamos en nuestro día a día porque el lenguaje es la base de nuestra sociedad y transforma realidades. Por favor, pensad en ello.